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domingo, 8 de diciembre de 2013

Fue un disparo aquel domingo.



No es imaginación, es recuerdo.

Sólo se escuchó un disparo con eco y luego silencio. Era un domingo en la tarde, día de visitas, y como muchos domingos, me dedicaba a descansar o ver televisión. Era lo único que podía hacer en el batallón, pues los turnos de guardia eran de 6 horas, dos al día, lo suficiente para dormir poco, y cualquier momento había que aprovecharlo para descansar.

Salté de la cama y cogí el fusil. Pero el silencio me hizo pensar que no era tan grave la situación. Se suponía que uno de los cuarteles militares menos peligrosos en Bogotá era el batallón guardia presidencial, pues lo único que se necesitaba era soportar largas horas de pie, aguantando el peso del casco, el fusil terciado y los proveedores a cada lado de la cintura. Lo peligroso era que la sábana del catre no estuviera templada o que el escudo del casco, la hebilla de la riata, las cucardas  o los zapatos de charol perdieran su brillo, pues eso podría significar un “tablazo” en las nalgas o en el peor de los casos un golpe en la cabeza por parte de algunos oficiales o suboficiales.

Sin soltar el fusil caminé hacia el pasillo, por el cuarto de aseo y vi algunas personas que corrían hacia el sótano, donde parqueaban los camiones del batallón. Aquel cuarto había sido el escondite del soldado Castro, un soldado compañero que había sufrido su estadía en el ejército sólo por ser gordo. La sufrió desde el primer día, cuando ninguno de los uniformes le quedó bueno y el Teniente Lozano le prometió que rebajaría de peso a como diera lugar, mientras durara en el ejército.
“¿Donde está el soldado IBM? ¡Soldado! ¿Usted sabe que significa IBM? –No mi teniente. No sé qué significa- Inmensa Bola de Mierda. Eso significa soldado. No pasan almorzar hasta que aparezca el soldado Castro, digo, el soldado IBM”. Era la rutina, el teniente Lozano lo ponía a dar 40 vueltas a la plaza de armas o hacer 40 ejercicios de piernas o 40 lagartijas cada vez que lo veía y era condición para poder almorzar él y también nosotros, que teníamos que esperar a que hiciera todos los ejercicios que le mandaban hacer. Por eso se escondía en el cuarto del aseo.

En un trote lento seguía por el pasillo en dirección a las escaleras que daban al sótano, mientras veía a algunos compañeros bajar con el fusil terciado por las gradas. Ese pasillo era Paso obligado por el tablero donde salían los listados de los turnos. Los domingos de visita había también turnos, y ese domingo el soldado Castro estaba reportado en la lista. Hacía un día había llegado de nuevo al batallón, después de haber estado casi tres meses en la finca Hatogrande, prestando guardia. Se había ofrecido para ir, y así escapar del objetivo del teniente, quien no perdonaba verlo para ponerlo a hacer ejercicios, sin importar la hora, ni el lugar: “Soldado Ladilla, cuarenta vueltas a la plaza de armas.” –ordenaba a Castro, delante de 120 soldados- “Soldado Agredo, ¿Usted sabe que significa ladilla? -¡No mi teniente!- ¡Partícula Microscópica pegada a la punta de los pelos del culo!.”
Aquel domingo el Teniente Lozano estaba en el batallón y tampoco había desaprovechado la oportunidad de darle su ración al soldado: “Soldado IBM, ¡Atalájese! ¡Acomódese la cucarda! ¡Dele una vuelta al batallón!”. Mientras, los visitantes distraían sus miradas para fijarse en el soldado Castro. Un rostro que parecía congelado en los 8 meses que llevábamos en el ejército, con unos ojos bien abiertos y el iris de color verde, mirando asustado y las gotas de sudor bajando lentamente por sus inflados cachetes blancos y para ese día colorados por las quemaduras del frío.

Seguí trotando y al bajar las gradas llegué al sótano. Algunos compañeros habían llegado antes que yo y veía como agarraban sus cabezas. Había disminuido el impulso, el caminar era ya lento.  Al acercarme, algunos soldados rodeaban a alguien que yacía sobre la silla que estaba recostada en la pared. Apenas veía sus pies, con las botas puestas y un fusil entre sus piernas. Miré la pared y vi una gran mancha roja que dejaba caer goterones hacia el piso. Detuve mis pasos. Más gente llegaba y pasaban delante de mí para saber quien era ese soldado. No quise acercarme y pregunte quien era esa persona que tenía un fusil entre las piernas. “Marica, es Castro”.


CONSEJO DE ESTADO
SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO
SECCIÓN TERCERA
DECLÁRASE patrimonialmente responsable a la NACIÓN – MINISTERIO DE DEFENSA – EJÉRCITO NACIONAL por la muerte del joven LEONARDO CASTRO GONZÁLEZ, ocurrida el 20 de marzo de 1994, en las instalaciones del Batallón Guardia, Presidencial, en Bogotá.

Bogotá, D.C., veintitrés (23) de septiembre de dos mil nueve (2009)

jueves, 21 de junio de 2012

La Procesión se lleva por dentro


Este reportaje lo realicé hace algunos años, cuando era estudiante de comunicación. ahí les comparto.


Una canción de Rocío Durcal alcanzaba a escucharse desde la calle, mientras el taxi se estacionaba. El vestido impedía a Saís bajarse con algo de comodidad, pues le apretaba desde la cintura hasta la parte media de las piernas; de ahí en adelante se anchaba y el largo llegaba hasta los tobillos, justo donde una ligera correa apretaba los zapatos de altos tacones.
“Ay, déme la mano por favor”, suplicaba estirando su brazo a Edgar, quien se había bajado segundos antes. Por la otra puerta, Alexa se bajaba mucho más rápido: unos jeans semiajustados hasta un poco más debajo de las rodillas y una blusa sin mangas, le permitía maniobrar con mayor facilidad, a pesar de la considerable altura de los tacones de sus zapatos.


Unos Dientes Muy Blancos.
La calle estaba bien iluminada y contrastaba con la oscuridad que emergía desde el interior de una puerta pequeña que se hallaba completamente abierta. En la entrada estaban dos hombres altos y corpulentos vestidos de negro, quienes, además de cobrar, registraban a las personas que quisieran ingresar. Aunque la apariencia de aquellos guardianes atemorizaba, uno de ellos sonreía con mucha confianza y de repente daba un efusivo saludo a Alexa. Era de piel negra y tenía menos de un centímetro de pelo apretado en su cabeza, su nariz era chata y tenía labios gruesos. Una ligera barba quería invadir parte de su rostro y los tonos oscuros contrastaban conlos dientes, muy cercanos al color blanco. Esta blancura se debía en parte a que días antes había visitado el consultorio dental, recibiendo el último tratamiento después de varias sesiones.
“Espero que sigas cuidando tus dientes. Dentro de seis meses pides cita”, le decía Alexa, previo a una amable despedida.

Hacía dos años trabajaba en la Clínica Santiago de Cali, y su estabilidad laboral satisfacía las expectativas económicas.Se entregaba a su labor de odontólogay ese desempeño la había consolidado en el puesto. El lado gris de su trabajo estaba enlos conflictos que a diario afrontaba con los compañeros.
“Allá (refiriéndose al lugar de trabajo), me tienen mucha envidia. Ese es el problema de nosotras las mujeres. Siempre andamos pendiente de lo que no nos compete. Pero yo no me la dejo montar”.  No se dejaría en ningún caso, y eso era una de las causas de la antipatía que reflejaba en el trabajo. Sólo se llevaba bien con Claudia, aunque no eran muy estrechas las relaciones de confianza.


La ilusión de lo que pudo haber sido.
Al entrar, se topaban con unas escaleras circulares que conducían a una especie de sótano. A medida que bajaban cuidadosamente los escalones, el sonido de la música se intensificaba, al tiempo que se percibían algunos destellos de luces que provenían de abajo. Ello generaba ansiedad y justo antes de llegar a la última curva, sonó el celular de Alexa, era su madre, doña Flor, quien la llamaba para preguntar por unas pastas.
“Ay mami, las deje en la mesa de los libros, la café”. Respondía con algo de rabia ante la inoportuna llamada de su madre.

La señora Flor tenía aproximadamente unos 60 años y su excesiva masa corporal, era la causa de algunos problemas de salud. Dependía de la pensión militar que había dejado su difunto esposo hace 21 años.Pero más que eso, dependía de Alexa, pues su segundo hijo, ya había hecho vida aparte y su hija menor se había ido de la casa hacía tres años. Alexa, la mayor, era entonces “la jefe” del hogar, la que cuida de su madre. En muchas ocasiones recibía inoportunamente llamadas de su madre, y esto le molestaba cada vez que sucedía.

Siempre fue privilegiada en su familia, fortuna ganada por representar la primera persona en ser nieta, sobrina e hija a la vez.  “Desde la barriga sabía que era mujer.Me decían que las niñas eran mas perezosas y que se movían a partir de los seis meses, si se movía antes era niño”, contaba doña Flor. Trajecitos, cobijitas de lana, muñecas y varios ajuares color rosa adornaban la habitación de la nena próxima a llegar a éste mundo. La señora Flor y su familia, no tenían duda del género y esperaban con emoción la llegada de aquel nuevo ser.

Todo marcharía normalmente sino fuera por que la personita que llegó al mundo era fisiológicamente un niño. Pero, tal como lo dice La señora Flor, “siempre supe que era mujer. Cuando tenía un añito, lloraba por que no le ponía el vestido de una amiguita. Una vez se lo puse y se puso a llorar todo el día... Cuando estaba en tercero de primaria, todos los niños se tomaron una foto y él se diferencio por el sentado. Se sentó así” (representaba una posición donde ambas piernas están juntas semi-estiradas, hacia el lado izquierdo, mientras su mano derecha se apoya en el piso. Tal como una sirena.).

Aunque toda la familia daba por hecho que Alex era homosexual (delatado por sus gestos, movimiento, gustos y voz), Alexa sólo era visible para su madre, que había dejado atrás todos los prejuicios y discriminaciones que la sociedad impone culturalmente a quienes tienen ésta condición.

 Alex no sería la excepción, y su etapa de desarrollo la afrontó con muchas dificultades: “Yo sentía desde siempre mis actitudes femeninas, pero me sentía muy mal con mi papá y mi familia.” Disimulaba el caminado, engrosaba la voz y fingía actitudes varoniles, queriendo agradar a su familia, pero sobre todo a su padre, con quien sentía una vergüenza indescriptible. “El papá, si la tuvo con Psicólogo y se preocupaba mucho. Yo si lo acepté…” admitía con serenidad doña Flor.

Pero esto no era lo único que lo atormentaba, pues sufría las consecuencias de una sociedad que ha heredado los mandatos de una absurda moral religiosa, y ha impuesto durante siglos unos preceptos discriminatorios coartando la libertad del ser. Insultos, burlas y atropellos se topaban con Alex muy a menudo. “evitaba salir, prefería estar encerrado antes de que atormentaran en la calle”. Un delincuente sufriría igual, temería igual.

Su madre también sufría, “… Me dolía mucho, por que en ese tiempo atacaban muchos a los homosexuales”. Fruncía el ceño y deseaba hallar a aquellas personas que alguna vez ofendieron a su hijo. Seguía contando las dificultades que generaba el hecho de ser homosexual, en plena infancia de su hijo, “Había un periódico que se llamaba Vea, que es así como el Q´Hubo, Allí a cada nada salía noticias de que habían matado un travesti, o una peluquera… los mataban a piedra o los torturaban… eso antes era horrible”. Siempre asimiló la condición de su hijo, y ahora es la única en la familia quién guarda con sigilo su secreto.


“El Tiqui tiqui, es para amenizar esto”

Al girar, luces de colores encandelillan la vista y decenas de personas se encuentran sentadas, concentradas en lo que sucede en la pista de aquel sitio.Era el momento del Show. Una nueva balada reemplazaba a la de Rocío Durcal. Alguien se hallaba en la pista representando la canción que sonaba. Un cabello rojizo y largo hasta la cintura; un  maquillaje extravagante que levanta las cejas y magnifica los ojos; un vestido ceñido que brilla con el reflejo de la luz y unos zapatos de tacón alto, hacen parte del vestuario de aquel hombre que goza ser mujer, en un lugar donde nadie cuestiona (al contrario disfruta) su condición.

Tres horas antes Alexa era Alex. Alex tiene 29 años. Es de estatura media, blanco y su escaso cabello es de color negro. Su cuerpo delgado favorece los vestuarios que luce y sus facciones de hombre delicado le ayudan a consolidarse como una mujer hermosa. Había llegado como todos los fines de semana –previo a la rumba- a la casa de Saís. Llegaba con un maletín que contiene normalmente dos trajes, maquillaje, zapatos de tacón alto y dos pelucas.

“Me da pena maquillarme en mi casa, delante de mi mamá… Además puede llegar alguno de mis hermanos a un amigo o alguien de la familia. No!, no me imagino”. Pero sí se lo imaginaba. Tenía miedo, el miedo al rechazo, a la injuria. Los problemas del trabajo eran suficientes, y su familia era una especie de resguardo que habría que cuidar. No quería perder su refugio.Era precisamente por ello que siempre se vestía de Alexa en un lugar diferente a su casa.

Otros amigos también llegan al mismo lugar y se reúnen hasta tres o cuatro para acompañarse en el proceso de maquillaje.
Base, Polvos, labiales, pestañas y uñas postizas, lápiz de ojos, pelucas, tacones, fajas, vestidos, pulserasy escarcha, son apenas algunos elementos que ayudan al proceso de transformación.

Casi tres horas (tiempo en que dura el proceso) se acompañan de charlas, burlas, anécdotas, y el infaltable “Tiqui Tiqui”, que es simplemente beber aguardiente durante éste proceso.
“El Tiqui Tiqui es para amenizar esto. Siempre tenemos que empezar con el Tiqui Tiqui, así nos prendemos y llegamos bien rico a la discoteca”. Dice “La Bailarica”, mientras una espuma café se esparcía sobre su rostrouna crema del mismo tono.Es que es mucho tiempo dedicado a la transformación, como para evitar amenizarla.


La Procesión tiene un descanso.

Cuando el Show acaba, la música invita a la pista. La gente se vuelca en desbandada a bailar, sin importar si el género, raza o edad de la pareja. Luces que van y vienen, licor, cigarrillos y quizá droga, se dispersan con un ímpetu parecidoal agua cuando ha vencido la resistencia del dique.

“La procesión se lleva por dentro”, decía Edgar, minutos antes dentro del taxi, hablando de su experiencia de vida, quizá de muchos, quizás de todos… Pero el vía crucis se interrumpe, la cruz se deja en el piso por un instante. Quizá sean momentos de descontrol, acciones desmesuradas donde los moralismos atacan con juicios. Pero ante un mundo que aún reprime, que aún juzga y discrimina a los homosexuales, la discoteca (con todos sus componentes, incluyendo el Show) es el paraíso, el descanso, donde la emancipación se materializa, cobra vida. La procesión tiene un descanso.

Crónica radial: Los hombres que miran al piso.

Crónica que retrata la vida una persona que vive en la calle. A diario lucha por sobrevivir, mientras que un periodista aventurero quiere una entrevista para indagar acerca del hambre.

Recortes del documental La Ilusion. Momentos...

Trailer Documental La Ilusión

El tema de la desilusión escolar tiene su origen en una investigación desarrollada desde el campo de la sociología. Se trata de indagar aspectos del sistema educativo, haciendo énfasis en aquellos estudiantes que asisten a la institución, pero no les agrada la parte académica. Es lo que he llamado desilusión, otro tipo de deserción escolar, pues a pesar de que sus cuerpos están presentes, su mente vaga en busca de otras ilusiones.

Trailer Documental La marcha

El 6 de marzo de 2008 se llevo a cabo una marcha “En contra de los crímenes de Estado y los asesinatos de los paramilitares” convocada por el Movimiento nacional de las victimas de los crímenes de Estado. A esta marcha se unieron organizaciones sindicales, educativas, del sector de salud, desplazados, familiares de las victimas y grupos en defensa de los derechos humanos, entre muchos otros. Estas personas fueron asesinadas cuando buscaban reivindicar u organizar a sus comunidades con el fin de mejorar el acceso a las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). Reivindicaciones que pretendían cambiar las condiciones de vida de personas como Don Juan y Puener.

Una canción desesperada

Vídeo que muestra el dilema causado por los humanos, debido al atropello cometido con los demás seres vivos... Libres los matamos, presos los desesperamos, hasta la muerte...

Hakuna Matata

Ejercicio de montaje, que anima a los personajes del vídeo Hakuna Matata... El propósito es describir elementos particulares de la Zuricata y el Tatabro.

Buscando a Marcela. Radionovela

Ejercicio de montaje: Remembranza

Ejercicio académico que busca representar la teoría de Kulechov: “El efecto Kuleschov puede definirse como cualquier serie de planos que en ausencia de un plano de situación lleve al espectador a deducir todo el espacio a partir de la visión solamente de porciones de ese espacio”.

El espejo, Sonoviso

El sonoviso es un trabajo especializado en la fotografía, donde interviene el sonido, como un elemento clave para la narratividad. El espejo narra la historia de Jimmy, un hombre común y corriente que se encuentra a sí mismo algunas noches...