-Ideeel vaya tráigame una Popular.
Ayyyy Aura, ya voy, ya voy Aura.
Contestaba Fidel, con la resignación de saber que cada pedido de doña Aura era una orden.
No se, ni seguramente nadie sabrá en que momento empezó la dictadura de doña Aura con don
Fidel, pero sí sabemos todos que ella mandaba con amor y él recibía sus órdenes como si fueran
besos. Esa era doña Aura, mujer que edificó y conservó una historia de amor eterna y que deja un
legado para siempre de amor y vida en pareja.
Hombres, mujeres, Imaginen que tienen un hijo de 5 años, que esté llorando para que cargue la
mamá. Que tienen además uno de 4, y que al tiempo le esté reclamando a esa misma mamá para
que le ponga los zapatos. Y que al tiempo tenga uno de 3 años, que le está pidiendo a esa mamá
tetero, mientras el otro niño, hijo de ella también, con 2 años, tiene mocos y gripa, estornuda y le
sube la fiebre. Todo esto, mientras que tiene cargado un bebé de meses dándole teta.
Pues bien, así, quizá exagerando un poco, quizá no, era Aura Tulia Rosero. Desde antes de sus 15
años había conocido a Fidel, su futuro y único hombre, con el que el mundo de las aventuras, sin
televisor y con el disfrute de las mieles del amor, tuvo trece hijos, uno que murió de manera
temprana y los otros doce que con esfuerzo y sacrificio amamantó, crío y educó.
-Venga, coma de lo mío, está limpiecito.
Nos decía cada que la visitábamos. Y es que su sazón era único: Las papas con guiso de mani y
carne, el caldo con torrejitas, los uyucos, o que decir la carne entomatada que preparaba al
desayuno y la servía con arepas, cuando algunos de mis tíos llegaba con el pago a pedirle que lo
preparara. Era unas de las maneras en que demostraba su afecto, no sólo a sus hijos, sino a sus
nietos, bisnietos y demás familiares que llegaban a visita.
Todo no era color de rosa. Su carácter le espantaba los novios a mis tías, sus hijas. No sólo a punta
de cantaleta, sino que también, cuando era necesario acudía a vías de hecho: Palos de escoba,
correas, agua, machete, destornillador… lo que fuera volaba por los aires, mientras los muchachos
salían despavoridos huyendo de ella. A escondidas ellas seguían con sus amoríos, pero ay donde se
dejaran pillar.
Ese mismo carácter nos hacía salir corriendo a hijos y nietos. Nada peor podría pasar que se
metiera alguna idea en la cabeza. Que hayas sido el culpable de la desaparición del gato. Que
hayas sido quien quebró el plato. O llegar a visitarla y justo hubiera una discusión con don Fidel.
Nadie se salvaba y las pelas eran duras. Cuando nos alcanzábamos a fugar, teníamos que buscar la
manera de contentarla desde afuera. Algunas veces una flor era suficiente.
Así y todo, era más lo bueno. Nada más ameno que una conversación doble con Aura y Fidel al
mismo tiempo. Uno hablaba de sus historias y su segunda guerra mundial, y Aura le contaba a uno
sus eventos cotidianos. Sí al tiempo, para eso tenemos dos oídos, así teníamos que escucharlos.
Eso cuando ella lo dejaba hablar.
Pues bien, estos son apenas pedazos de su historia, 82 años de vida a su familia. El legado es
grande, la cabeza de muchos árboles genealógicos, las historias que nos quedan para nuestros
hijos y nietos, la enseñanza de lucha, sacrificio y valor por los hijos. Su vida entera al lado de don
Fidel serán un ejemplo de vida en pareja y unión familiar. Con sus personalidades encontradas,
entre la risa y el llanto, entre la rabia y la tranquilidad, ahí juntos.
Así eran sus vidas: como el día y la noche, como la luz y la sombra: Él manso, risueño y contador de
historias; ella arisca, seria e imponente en su actuar. Quizás por eso tan diferente que nos parece
absurdo, encajaron sus espíritus décadas enteras y hoy hasta la eternidad.
Hasta siempre Aura Tulia, sabemos que ahora vas caminando cogida del brazo de Fidel, a paso
lento, por el camino de la eternidad.