martes, 4 de enero de 2011

Cuando la tragedia es nuestra...


El año pasado hemos sufrido una de las peores épocas invernales. La lluvia arrasó no sólo con muchas viviendas y todo lo que se encontraba a su paso, sino que también se llevó vidas de animales y de seres humanos. A la gran mayoría se le llevó la esperanza de un hogar, de una vivienda, así fuera de madera, latas o ladrillo.

Según cifras aproximadas, hay más de dos millones de damnificados, muchos con el agua casi hasta el cuello que no saben que hacer con sus vidas.

Todo el mundo habla del desastre natural. ¿desastre natural?

No diría yo y dirán muchos. No es un desastre natural, es el curso natural, la naturaleza misma que actúa de manera instintiva ante nosotros. Fácil es juzgar y acusar a la naturaleza, cuando somos nosotros quienes alteramos su instinto. Podría hablar del calentamiento global, de la tala de bosques, de la desigualdad de recursos que conllevan a las personas a habitar las riberas de los ríos o de muchas otras causas humanas para que haya ocurrido la tragedia invernal.

Parece que la misma naturaleza enfurecida nos hiciera saber quien es más grande, quien tiene mas poder. Parece que nos quisiera dar una lección, para que no olvidemos el porque los aborigenes adoraban y vivían en armonía con la naturaleza.

La invitación apunta a que auxiliemos a los damnificados, a que nos solidaricemos con su tragedia. Pero también apunta a que auxiliemos la naturaleza, a que cuidemos un poco más de la vitalidad que nos da. No olvidemos que provenimos de ella y en ella nos extinguiremos.







miércoles, 10 de noviembre de 2010

Una sonrisa que te hace sentir humano.


Las palabras aquí se esfuman, pierden sentido, su naturaleza abstracta se manifiesta en el sentimiento que produce una labor que va más allá del simple respirar. Se trata de sentir, sentir que haces algo y no te quedas inmune en este camino de injusticias sociales y de egoismos.
Esa sonrisa que apenas se dibuja en su rostro, me hace sentir vivo, humano...

martes, 28 de septiembre de 2010

Mataron al “Mono Jojoy”, ahora ¿un mejor mañana?

“Mataron al Mono Jojoy” escuché a alguien que gritaba en la calle con regocijo. No puedo negar que ese grito alertó mi curiosidad y casi que al instante prendí el televisor. El espectáculo de la pantalla chica tenía un ingrediente nuevo, fresco y de gran aceptación: Un campamento de las FARC había sido bombardeado y Víctor Julio Suárez Rojas, alias “El mono jojoy”, había sido asesinado en dicho ataque. En los noticieros ya tenían invitados y analistas políticos vía telefónica, y como suele pasar en estos casos, una y otra vez repetían la información.
El espectáculo mediático se prolongó y la agenda de los noticieros fue fácil de construir. No era para menos, el hecho significaba otro de los duros golpes dados por las fuerzas militares a ese grupo guerrillero, un trofeo de guerra donde se exhibe a uno de los hombres más buscados, con 15 órdenes de captura e investigado por otros 105 delitos.
La imagen de un hombre con el rostro quemado y el uniforme deshecho empezaba a darle la vuelta al mundo. Mientras, en las noticias veía a un reportero preguntando a la gente acerca de lo que pensaba a raíz de la muerte del “Mono Jojoy”. En las notas se mostraban rostros sonrientes de transeúntes o vendedores callejeros, felices afirmaban que vendría un país diferente.
Así mismo, no tardaron en llegar los mensajes virtuales por el Hotmail, el facebook, twiter, etc. Colombia de fiesta Nacional y la vanagloria a “nuestro glorioso ejército nacional”.
Fiesta por que el asesinato justifica la elección de un gobierno, pero más allá de eso, representa un mejor mundo para nosotros. Claro, ¿un asesinato termina con el narcotráfico, la delincuencia común, las desigualdades sociales, el hambre, el desempleo? o ¿mejora el sistema de salud? o ¿propende por una mejor educación?
A propósito de esto último, ¿cómo hablarle a mis hijos del respeto hacia la vida cuando le muestran por la televisión a un hombre masacrado a la hora del almuerzo? Tendría que explicarles que era un hombre cruel, sanguinario y que merecía morir de esa forma. En su ingenua capacidad de entender al mundo ya les estaría dando información vital para su futuro: si alguien te roba, róbalo, si alguien mata, mátalo. Obviamente prefiero intentar otra explicación, la de la manipulación ideológica utilizando los medios, pero no creo que le gane al impacto que en sí misma causan las imágenes.
Esa es la manera en que terminamos entendiendo el mundo, un pueblo que dibuja una sonrisa en su rostro por que el asesinato de un cabecilla es la garantía de un mejor mañana. Cuando mataron a Pablo escobar no se acabó el narcotráfico, cuando mataron a Carlos Castaño no se acabaron los paramilitares, ahora no se sabe con las FARC, pero lo único seguro es que los problemas más graves del país, la violencia oculta, seguirá. Mientras tanto, el televisor nos hará pensar en un mejor mañana para nuestros hijos, al tiempo que muestran bombas cayendo en la selva y cuerpos despedazados.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Nota: Acompañamiento a la Asociación de madres EJERCER

















Luz Miriam Mosquera, presidenta de la J.A.L. de la comuna cuatro, ha conformado una Asociación que busca formar a las madres cabezas de hogar de sectores marginales en actividades que ayuden a generar alternativas de subempleo. Para ello "araña" recursos desde diferentes instancias con el fin de garantizar una enseñanza no sólo a nivel informal, si no que incluso han vinculado algunas madres al sistema educativo. Su trabajo también busca generar espacios de integración y recreación con dichas personas.


El día 22 de agosto del 2010 se realizó una jornada en los altos del río Melendez (Villa del Carmelo) dónde pude participar ayudando a la integración y actividades de recreación con Julián y Gustavo Quintero.

Vale la pena destacar la labor de estas almas, que propenden por un mejor mundo, que buscan construir a apartir de su entereza y su objetivo constante en ayudar a sus hermanos.
Seguiremos caminando, adelante, al lado, detrás de quienes luchan a diario por la prosperidad humana. Si nos acompañas, seremos más.

lunes, 16 de agosto de 2010

Cuento: El hermano de mi Cielo

Siento como si hubiera un nudo de trapo en medio de mi garganta. Con las rodillas casi en mi cuello, tampoco siento mis piernas. No sé cuánto ha pasado con ellas dobladas. A esta hora ya no  duele mi espalda magullada, ni mi cara maltratada. Un viento de fuego quema mi nariz y hace que odie respirar. Poco escucho. Desesperado intento ver algo, pero sólo alcanzo a ver unos cuantos destellos blancos sobre la inmensa oscuridad.

Maldigo la oscuridad. Aunque no la maldije una noche, la noche en que conocí a mi cielo. Fue la noche en que llegué al lugar donde la música ambienta la penumbra y había tanto licor como mujeres. Muchas mujeres con algo en común: tenían poca ropa y esperaban a que llegaran hombres dispuestos a pagarles, con tal de recibir sus cuerpos a cambio. Y allí estaba ella, paciente, esperando lo mismo que las demás. Aunque su imagen la hacía diferente a las otras: su pálido rostro reflejaba una angustia, que fue justificada cuando al acercarme noté que un pequeño habitaba su vientre.

No sé cómo ni cuándo me enamoré de mi cielo. A los pocos días ya vivía con ella. Sabía que me tocaba ser el padre de un hijo del tiempo y que me tocaba elevar la estima de alguien que tanto había sido lastimada por la pobreza. El problema era que no tenía como, ni siquiera algo donde dormir; sólo el espíritu y la fuerza de estar con mi Cielo.

Deseo tanto tener un poco de agua. Podría dar lo que fuera por qué ese liquido fresco humedezca mis labios hinchados del calor y recorra la resequedad de mi lengua hasta llegar a mi árida garganta. Esa sería la mejor manera de aflojar este nudo que no me deja respirar. Cuanto anhelo sentir la vida, al lado de mi cielo y dormir con ella así como la primera vez.

La primera noche dormimos en un piso irregular de barro seco. Unos cuantos costales hacían las veces de colchón, mientras que unos retazos nos cubrían del frío que se colaba entre las esterillas. Rogábamos para que no llegara la lluvia, pues el agua se filtraba fácilmente por el techo construido con latas y cartón. La casa la había tomado a cambio de una mísera cuota, pero ella era una verdadera mansión para nuestro amor.
Trabajaba en lo que me resultara, y el hermano de mi cielo nos ayudaba de vez en cuando con algo para comer. El era policía, uno de esos que atropella a la gente y que no le importa hacer lo que tenga que hacer para conseguir dinero. Odiaba ese tipo de acciones, pero no tenía otra opción en la vida que recibir esa ayuda.

Yo prefería buscar trabajo. Apenas si reconocía las letras, por eso dependía de una obra de construcción o de las frutas que dejaban en el piso de los mercados los domingos.
Un día afortunado encontré un trabajo estable, donde me hicieron un contrato. Era la construcción de una gran finca. Con los primeros sueldos compramos una cama y la angustia de conseguir un peso para pensar en comer a diario se acabó. El niño tuvo su primer trajecito nuevo.

Un salto abrupto golpea mi cabeza en ambos lados. Ese dolor me recuerda que aún vivo y despertó en mis oídos el sonido constante de un motor que no paraba. Siento que algo me transporta, en una carretera que parece no tener fin.

Un largo recorrido en bus me llevaba todos los días al trabajo. Ahí había conocido a Gustavo. Era un buen amigo, me ayudaba cuando no tenía para el bus. La verdad no llegué a saber mucho de él, pero se mostraba complaciente y noble.
Todo parecía mejorar, hasta el lunes que llegué al trabajo. Noté que habían muchos policías y especulaba mientras me acercaba, en lo que había podido ocurrir. Sólo cuando pidieron mis documentos y me esposaron, me di cuenta de lo que pasaba: venían por mí.

Aún siento el fuerte dolor en las muñecas a causa de las esposas. No he vivido antes en mi vida algo que mortifique mi cuerpo tanto y angustie mis posibilidades de vivir. En algunos momentos mi mente se torna borrosa y las figuras de mi cielo y el niño, pierden sentido, se convierten en imágenes difusas.

En el piso estaba mi amigo Gustavo, con mucha sangre en su rostro y sin respiración. Recién había matado a un policía y me había acusado del robo que había hecho a una señora el día sábado. Yo era el supuesto líder. Debía saber dónde estaba el dinero y las joyas. El problema pudiera haber sido menos grave, si la señora no hubiera sido la dueña de la finca donde trabajaba y la esposa de un narcotraficante. El caso pasaba de la justicia ordinaria a la justicia ilegal.

Sentía de nuevo mucho dolor, cuando recordaba los cables de electricidad en mi espalda, o las infinitas cachetadas para que confesara. Era en vano, jamás revelaría un secreto que no conozco. Mi cielo se lamentaba y sufría al verme tan poco humano dentro de la celda. Me llevaba la comida y el niño no lo dejaban entrar. Solo una cosa era cierta: revelo o me muero. Entonces solo una cosa era cierta: me muero.

El jueves unos guardias me amordazaron y me sacaron de la celda. Lo último que recuerdo es una serie consecutiva de golpes en la cabeza. Al despertar, todo está oscuro, me duelen las piernas, las manos y el cuerpo entero. Casi no puedo respirar y hace mucho calor. De repente ya no suena más el motor. Siento todo quieto, pero con el mismo dolor. Escucho a dos personas hablar y reírse. Escucho un ruido muy cerca y mis ojos se encandelillan con un fuerte haz de luz que entra, mientras abren una tapa que está encima. La cajuela de una carro. Me agarran como pueden entre dos personas y me tiran al piso. La imagen de mi cielo y el niño se queda congelada en el tiempo. Me siento muy débil y a fin de cuentas ya prefería morir de una vez por todas y no seguir sintiendo más dolor.

La calle está muy sola. Me ponen de rodillas con las manos en la parte trasera de la cabeza. Alguien se pone de frente y saca una pistola que acerca lentamente sobre mi cabeza. Levanto la mirada solo para ver por última vez el cielo. De pronto, la persona de al lado pronuncia mi nombre con un tono de sorpresa. Mis ojos aún débiles intentan mirarlo. Era el otro sicario. Sí, el sicario, el hermano de mi cielo, el policía, al que habían mandado a matarme.

Aún podré estar con mi Cielo y mi niño.

Crónica radial: Los hombres que miran al piso.

Crónica que retrata la vida una persona que vive en la calle. A diario lucha por sobrevivir, mientras que un periodista aventurero quiere una entrevista para indagar acerca del hambre.

Recortes del documental La Ilusion. Momentos...

Trailer Documental La Ilusión

El tema de la desilusión escolar tiene su origen en una investigación desarrollada desde el campo de la sociología. Se trata de indagar aspectos del sistema educativo, haciendo énfasis en aquellos estudiantes que asisten a la institución, pero no les agrada la parte académica. Es lo que he llamado desilusión, otro tipo de deserción escolar, pues a pesar de que sus cuerpos están presentes, su mente vaga en busca de otras ilusiones.

Trailer Documental La marcha

El 6 de marzo de 2008 se llevo a cabo una marcha “En contra de los crímenes de Estado y los asesinatos de los paramilitares” convocada por el Movimiento nacional de las victimas de los crímenes de Estado. A esta marcha se unieron organizaciones sindicales, educativas, del sector de salud, desplazados, familiares de las victimas y grupos en defensa de los derechos humanos, entre muchos otros. Estas personas fueron asesinadas cuando buscaban reivindicar u organizar a sus comunidades con el fin de mejorar el acceso a las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). Reivindicaciones que pretendían cambiar las condiciones de vida de personas como Don Juan y Puener.

Una canción desesperada

Vídeo que muestra el dilema causado por los humanos, debido al atropello cometido con los demás seres vivos... Libres los matamos, presos los desesperamos, hasta la muerte...

Hakuna Matata

Ejercicio de montaje, que anima a los personajes del vídeo Hakuna Matata... El propósito es describir elementos particulares de la Zuricata y el Tatabro.

Buscando a Marcela. Radionovela

Ejercicio de montaje: Remembranza

Ejercicio académico que busca representar la teoría de Kulechov: “El efecto Kuleschov puede definirse como cualquier serie de planos que en ausencia de un plano de situación lleve al espectador a deducir todo el espacio a partir de la visión solamente de porciones de ese espacio”.

El espejo, Sonoviso

El sonoviso es un trabajo especializado en la fotografía, donde interviene el sonido, como un elemento clave para la narratividad. El espejo narra la historia de Jimmy, un hombre común y corriente que se encuentra a sí mismo algunas noches...